METZELER Y MOTERUS, EN RUTA HACIA EL RITMO
Muchos son los que, unidos por la pasión de hacer kilómetros en moto, se juntan estos días estivales para recorrer carreteras bajo el amparo del buen tiempo y el asfalto seco. En esta ocasión, os traemos el relato de unos de los asistentes al Primer Encuentro Moterus sobre el sentimiento vivido aquel día. Por supuesto, Metzeler no se lo ha querido perder…
“Son las 5,45 de la mañana, suena el despertador. Levanto levemente la persiana de la habitación y puedo ver como en el suelo, a través de los huecos de la persiana, intentan dibujarse los primeros trazos del día.
Mientras caliento café, paso rápido por la ducha, estar despejado es lo más importante. Hoy se adivina un buen día, quizás de los mejores, tengo una ruta en marcha y lo mejor, mi mujer, después de casi 20 años en moto, se ha decidido a venir conmigo, pese a la distancia y la ruta que prevemos. ¡Qué más puedo pedir! Todo es perfecto.
Media hora después, inicio el ritual: me pongo los pantalones, me ajusto las protecciones a la altura de la rodilla y las caderas, siempre lo hago, un mal ajuste en una caída, puede derivar en una contusión nada agradable. Elijo mi mejor camiseta, la ocasión no es para menos. Las botas, la espaldera; saco la moto al porche, y la pongo en marcha. Pocas cosas me faltan por hacer, la noche anterior dejé todo listo, las maletas cargadas con lo mínimo necesario, las presiones comprobadas, y un millón de ilusiones depositadas a lomos de mi moto, esperando a ser descorchadas a cada kilómetro que recorra.
Una vez cordada la chaqueta, el casco ajustado, mi mujer justo en el asiento de atrás, con una sonrisa transmitida a través de un pequeño gesto, nos ponemos en marcha hacia Igualada, hacia El Ritmo.
Nuestra llegada a punto de encuentro junto a dos motos más es de casi, las últimas, rozando las siete de la mañana. Los que dejamos responsabilidades menores de edad en casa, no en todas las ocasiones podemos disponer de nuestro tiempo como quisiéramos.
Después del ritual de llegada, la bolsita de obsequio, el pedazo de bocata, nos ponemos en marcha justo en el turno que nos marcan. Empieza la aventura, esto va en serio.
No es mi primera ruta, ni gran ruta, pero sí que es mi primer viaje con mi mujer.
Cuantas cosas se pueden decir en moto, sin hablar, sólo con un giro de cabeza, una pequeña señal, o una caricia sobre la rodilla de tu acompañante. Cientos de sensaciones se transmiten con tanta fluidez, que es difícil entender que sin posibilidad de comunicar, trasmites todo lo que fluye a través de ti con tanta sintonía, que la complicidad del momento vivido, hace que se multiplique, y cada kilómetro recorrido, te ayude a querer devorar muchos más. La flexibilidad de la trazada, la visón del horizonte, los paisajes recorridos, te hacen olvidar lo malos tragos de le ruta, la ilusión del momento te hace ver con claridad a través de la niebla, la lluvia sobre tú cara, para evitar que se entele la pantalla del casco, queda sólo en una aventura más de la aventura. Yo he decidido no volver a llamar paquete a mi mujer cada vez que venga conmigo en moto. Es muy sencillo, lo vivido el pasado fin de semana lo certifica, nadie que se precie y que sea capaz de hacer esta ruta en moto en el asiento de atrás , no es de justicia que reciba este apelativo, pese a no ser peyorativo, no es justo.
Después de casi dos horas y media en moto, sobre las diez, sin parar a repostar, llegamos a Vielha. Un buen almuerzo nos estaba esperando. Recuperar fuerzas y descansar un poco es ahora lo más importante. El día se estaba insinuando, y nos estaba anunciando lo que nos esperaba, muchos lo supimos leer, pero ninguno llegamos a imaginar cómo se nos puede complicar una ruta. Nos armamos de valor, justo ese que sólo tenemos los moteros y nos hace diferentes e irracionales para el resto de los mortales. “Nadie en sus casillas se mete en esa carretera, y menos en moto”, seguro que esta frase o similares, las hemos escuchado todos.
Sobre la ruta, todo está dicho, cada uno ha podido transmitir a su manera las sensaciones vividas, niebla, lluvia, 2º C, “gravillon”, que más podíamos pedir, era el sabor de la aventura, en estado puro. Lo que la hicimos entera, con Tourmalet incluido, lo único que estamos pensando es en regresar lo antes posible para poder apreciar con un día soleado, los maravillosos paisajes.
Con casi cuatros horas a lomos de nuestras burras, conseguimos finalmente cruzar los tres puertos de montaña, y para a comer sobre las cuatro justo a la entra del puerto d’Aubisque.
Quizás muchos creímos que todo estaba por ver, pero no se vayan todavía, aún hay más. Cruzar el puerto tenía su aventura, una carretera enrriscasda, repleta de curvas, con desniveles de vértigo en el lateral, y para acabarlo de redondear, atiborrada de vacas paseando a sus anchas. Lo cierto es que los extraños, éramos nosotros, ellas estaban en sus campos, en sus riscos, nosotros veníamos de paso, y o cierto, creo que no éramos muy bien recibidos.
Finalmente, sobre las siete y poquito de la tarde, llegamos a hotel. La sensación al cruzar a España, y atravesar por Formigal, apareció ese astro que llevábamos horas esperando ver. U poquito de Sol para rematar el último tramo, hizo que se nos pusiera una sonrisa de oreja a oreja. El final de fiesta se aventuraba feliz, el objetivo, estaba cumplido.
Sobre la fiesta de la noche, la cena, los regalos, lo único que me deja mal sabor de boca, es no haber podido saludar a tantos “nicks” conocidos, ponerle cara a los comentarios, a las citas, a los mensajes, a las invitaciones. Saludarte con los cuatro de siempre, y poco más.
La vuelta, con calma, una vueltecilla con buen tiempo para ordenar cada secuencia vivida el día anterior. Lo cierto es que cuando vives tan intensamente un aventura, lo difícil es ordenar cronológicamente cada instante. Con los días los vas ubicando, y recuerda con una sonrisa cada momento.
Por lo demás, sólo queda decir, y no me gustaría utilizar el típico tópico, que me apetece volver a hacer una ruta similar, un nuevo encuentro, pero esta vez, propongo poder alargar una noche más, y aprovechar para conocer a más gente, y poder tener “tiempo” para todos. Pido disculpas a todos los que no saludé y disculpas a todos aquellos que no hice por presentarme y poder compartir impresiones, por pequeñas que fueran.
No me despido, sin agradecer una vez más a mi mujer “Esting”, que jugando a doble o nada, he conseguido que no se niegue a volver a hacer otra salida, y acostumbrarse a este mundillo que tan cariñosamente compartimos todos en moterus.
Gracias a todos por compartir conmigo esta pasión.
Agur Benhur.
Lone Wolf”.
















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